Tengo 23 años. Nací a finales de 1986. Cuando era un niño pequeño, viví una infancia feliz y muy sencilla, marcada por el Chile de finales de los ochenta, la decadencia de la dictadura y los pasajes de tierra que rodeaban mi casa. Mis recuerdos de ese período son borrosos, pero sí me queda claro que los adultos no eran muy felices y esperaban cosas.
Desde que tengo consciencia, no solo memoria, que los presidentes y gobiernos del país son elegidos de forma democrática y, debido a lo gris del pasado, siempre ha triunfado la Concertación. Siempre. Salvo hace diez años atrás, cuando Milhouse estuvo a punto de ganarle a Lagos basándose en la demagogia, la izquierda siempre vio fácil su paso al sillón presidencial. ¿Qué pasa ahora que todo parece indicar que esto se acabó?
Probablemente la gente que no tiene recuerdos de gobiernos civiles de derecha quiera saber qué es eso. Está en todo su derecho, de eso se trata la democracia. En una de esas, hasta lo hacen mejor para el país que los actuales. Solo tengo escepticismo respecto al —probablemente— próximo Presidente de Chile, el abanderado de la derecha económica y política, y sus propuestas, ya que son en su mayoría son izquierdosas: continuar con la famosa “red de protección social” de la (socialista) Presidenta Bachelet, otorgar sueldos dignos (¿subirlos?), defender a los trabajadores (¿sindicatos?), entregar un “bono marzo” (¿regalar plata?), etcétera.
No diré que votar por Piñera sea malo, que la catástrofe nos afectará inexorablemente si cambia la coalición de gobierno, porque no pasará. Solo me quedaré con la reflexión de que, por primera vez en mi vida, puede que el Presidente de Chile sea un civil de derecha. Ahora, que sea alguien que no tiene nada en común conmigo y que ve la vida con un montón de supuestos morales que terminarán, en algún momento, por hacerme echarle puteadas, es otra cosa. Porque no me gusta que me digan cómo debo vivir mi vida. Pero en general a la gente no le importa eso mientras pueda tener celular nuevo y a Arenita llorando en la tele. Que así sea, entonces.

Comentarios recientes