Me pasó que por primera vez en la vida me siento viejo. No es que no pueda hacer actividad física que antes sí, que se me caiga el pelo o cosas de esa calaña, sino algo mucho más profundo y significativo. Resulta que me di cuenta que la que alguna vez fue mi banda favorita, Dream Theater, no me gusta y no hay caso de que pueda digerir la música que actualmente hacen. Lo curioso es que no se trata sólo de que estén tocando música mala, sino más bien de un recambio generacional del que soy parte. Y así, no por un tema físico, me doy cuenta de que se me están viniendo los años encima.
Mi viejo es el mejor ejemplo para mí de cómo la edad afecta los gustos de las personas, siendo este caso específico el musical. Aunque le muestre obras que son maravillosamente logradas, con un nivel emotivo y artístico sobresaliente, jamás podrá aceptar que la guitarra tenga distorsión. El rock no es para él. Son casi setenta años con un paradigma que ya no cambiará, pero que al menos me sirve para notar que la gente tiene percepciones muy distintas de las cosas, aunque se observe lo mismo en cuestión. Algo así como las minas que se encuentran gordas, a pesar de que para el resto del mundo no lo estén.
Fue en esta parada que llegué a notar que mi paradigma parece estar hecho, como el de los viejos. Sé que es temprano para que sea inalterable, lo que me da un poco de aspiraciones a juventud, pero lo cierto es que ya espero algo conciso de la vida, de las artes y de las cosas que me parecen conocidas. Después de todo, estoy viviendo el año número 23 de mi existencia, edad en la que hace no mucho tiempo la gente tenía ya un par de hijos y la vida entera trazada.
Luego de haber amado tanto la música de Dream Theater, hoy me parece prácticamente imposible poder pasar más de cinco minutos escuchando su música. Su arte dejó de ser ese despliegue conmovedor que era en Awake y pasó a convertirse en un montón de sonidos deliberadamente metalizados. Ahora, en vez de eso, buscan dejar contentos a los ejecutivos de Roadrunner Records y vender muchas, muchas copias entre los niños saltarines. Me apena que teniendo tanto talento, lo malgasten siendo genéricos.
El envejecimiento progresivo se viene con todo, parece. Creo que ya nada supera a Yes y Pink Floyd, bandas cuyo auge fue una década antes de que yo naciera. ¿O me estaré poniendo conservador?
Foto por Jano De Cesare (cc).
Entradas similares:
- Cañerías
- Sentimiento Paranoide: Un debut memorable
- Raco: cuando Crisálida salió del capullo
- Review: Opeth en Chile
- Octopus + Crisálida en el House Rock
Entradas (RSS)
es como ponerse un poquito exquisito con el tiempo, no tiene nada de malo . a mí me pasó con Mago de Oz .
lo importante es que aunque sean una mierda actualmente, cada vez que escucho las canciones que solían gustarme me transportan de nuevo a ser esa pendeja de 14 años que cantaba con tanto ahínco, y es pulento . espero aún te pase eso .
=*